Eso dicen o sugieren muchos de los que claman contra la objetividad. "La objetividad no existe", aseguran. Pues claro que no existe. Quién discute eso. Para qué querríamos que existiera. Por lo demás, la objetividad es una víctima fácil. Da gusto revolverse contra ella. Como no existe, no se defenderá nunca. Ni atacará a nadie. La objetividad es el enemigo perfecto.