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viernes, 16 de noviembre de 2012

El texto y la memoria

   Esta mañana he consultado el viejo archivo de papel. Antes acudía allí con frecuencia. Ahora no tanto. Menos de lo recomendable. Hoy, por ejemplo, he leído (y he tocado) una columna de Joan Barril por la que siento predilección. Se publicó en 1988. Se titulaba (y se titula) "Nosotros". Qué extraña, heterogénea y abstracta resulta esa primera persona del plural: nosotros los periodistas. En el centro del texto, coincidiendo con el doblez y con un tono sepia particularmente oscuro, esta frase para la memoria: "éramos el cuarto poder y ahora somos el cuarto de estar".

"La escritura y la memoria": ilustración de Candela (para una explicación del dibujo, hablen directamente con ella).  

lunes, 14 de mayo de 2012

Periodismo libre

   Uno: me gusta leer textos periodísticos añejos (para compensar, quizá, tanta actualidad inútil). Dos: admiro a quien argumenta con conocimiento de causa y en libertad. Tres: me maravilla quien razona de forma no siempre previsible (lo cual significa, entre otras cosas, que su pensamiento no se deja atar por simplificaciones gregarias ni por férreas ideologías). Cuatro: me fascina la personalísima mezcla de pasión y razón que destila la prosa de Albert Camus.
    Escribo todo lo anterior a propósito de una noticia con la que he tropezado esta mañana. Noticia que leí pero no archivé hace unos meses -el periódico de papel todavía se presta a estos caprichos- y que remite a un texto firmado por Camus en noviembre de 1939. Guardo aquí de esa pieza solo algunas ideas sueltas.
   Primera: “Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario también oponer alguna desobediencia. Todas las presiones del mundo no harán que un espíritu un poco limpio acepte ser deshonesto”.
   Segunda: “Es fácil comprobar la autenticidad de una noticia. Y un periodista libre debe poner toda su atención en ello. Porque, si no puede decir todo lo que piensa, puede no decir lo que no piensa o lo que cree que es falso. Esta libertad negativa es, de lejos, la más importante de todas (...) [porque] allana el camino a la verdadera libertad (...). Al menos le permite rechazar lo que ninguna fuerza le podría hacer aceptar: servir a la mentira”.
   Tercera: "Así llegamos a la ironía (...). La ironía persiste como un arma sin precedentes contra los más poderosos. Complementa a la rebeldía en el sentido de que permite no solo refutar lo que es falso, sino con frecuencia decir lo que es verdad".
   Cuarta y última: "La lucidez supone la resistencia a las invitaciones al odio y al culto de la fatalidad. En el mundo de nuestra experiencia todo puede ser evitado". Incluso la guerra, añadía Camus. Todo puede ser evitado. Las ideas de 'fatalidad' o de 'destino' suelen ser una argucia, un modo tosco de evitar explicaciones y responsabilidades.